Las elecciones presidenciales del 6 de julio de 1988 son una de las elecciones más cuestionadas de la historia, pero también han sido de las que mayores aportaciones han dado a la vida democrática del país.
Sin ellas no se entendería hoy un IFE ciudadano, un Tribunal Electoral con plena jurisdicción para dictar sus fallos y unas elecciones en las que el Poder Ejecutivo se mantiene al margen de las mismas, pero lo más importante es que con ellas se da el inicio de la transición a la democracia en México.
Para muchos mexicanos el ganador de esas elecciones fue el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, sin embargo, el hecho de que el gobierno manejara los comicios desde la Secretaria de Gobernación permitió que desde esa dependencia el día de la jornada electoral se cayera el sistema de computo de los resultados y se generara en muchos mexicanos la convicción de un fraude electoral que favoreció a Carlos Salinas de Gortari. Como todos sabemos, dichas acciones fueron atribuidas al entonces Secretario de Gobernación Manuel Bartlett Díaz.
En su libro 1988: El año que calló el sistema1, Martha Anaya en entrevista al ex presidente Miguel de la Madrid, le cuestiona "¿reitera a la fecha que usted ordenó no dar a conocer los resultados la noche del 6 de julio?", la respuesta del ex presidente es: " Sí, cuando yo supe que la votación venía muy contraria al PRI, pero que representaba sólo ciertos estados de la república, muy principalmente el Distrito Federal, Michoacán, Morelos, y que faltaban de conocer los resultados del resto de la república, yo autorice que no se dieran a conocer esos resultados parciales, sino que esperaríamos a conocer resultados más amplios". ¿Cómo se lo dijo a Bartlett, fue una orden? No. Fue aceptar la sugerencia que él me hizo. Me dijo: viene tan mal la votación que si damos a conocer los resultados se va a afianzar la idea de que el PRI ya perdió…"
Actualmente (y veinticuatro años después) los partidos de izquierda han definido a sus candidatos para el proceso electoral del primero de julio de 2012, llama poderosamente la atención la incongruencia que representa el postular como su candidato a Senador ¡al propio Manuel Bartlett Díaz!
Digno representante de la época del Partido casi único, de lo que Vargas Llosa llamó la "dictadura perfecta", resulta sorprendente que la izquierda promueva como su candidato a quien fue su principal verdugo en las cuestionadas elecciones del 6 de julio de 1988, pero lo más grave es que precisamente Manuel Bartlett es de la clase de políticos que no queremos que regrese.
Si bien es cierto que actualmente hay una generación que no le toco vivir la época del PRI como Partido hegemónico, el que no permitía ningún tipo de disidencia política, el del caciquismo y el corporativismo también lo es que en la izquierda existen militantes y dirigentes políticos formados en la lucha en contra del llamado Partido de Estado y hoy son muy pocos quienes han emitido alguna opinión sobre esta designación.
Este tipo de decisiones refleja el menosprecio hacía el talento, capacidad y compromiso de hombres, mujeres y jóvenes que tiene nuestro país, los cuales sin duda pueden aportarle a México mucho más que este tipo de políticos que dicho sea de paso ya dieron lo que tenían que dar y que muy poco podrán aportar al cambio del país.
Dice Norberto Bobbio en el Futuro de la Democracia que sucede muchas veces en la historia que aquello concebido como noble y elevado se convierte en una cruda realidad, en un contraste entre lo que se promete y lo que se realiza, la designación de Bartlett como candidato de la izquierda es muestra de ello.